El alma desnuda es como un simple vaso.
¿O podría agregársele una rosa?
Había en la rosa un encanto tan voluptuoso,
un misterio que nunca penetramos.
Quizás la rosa ideal cuyos pétalos caen
uno a uno, su carne hecha ya olvido.
¿Pero como olvidarse de un olvido?
No, el alma desnuda es simplemente
como el vaso que contiene a la rosa.
Aunque es fatal que cuando el alma ya está desnuda
también los jardines estan desnudos.
El alma desnuda es como un simple anillo
desnudo, ya arrancado al calor de la vida.
Ah, un anillo sin recuerdos ni olvidos, una
pura forma, la cosa ya sin destino ni esperanza.
Salvo que despierte en el alma dormida
el ansia de desposarse otra vez con la vida.
Tal vez es como un invierno, pero en el profundo
reino, bajo el sombrío solsticio, las raíces
trabajan, silenciosas, hacia otra
resurrección ¿Será el último invierno?
Sin deseos ni sueños, sin ataduras
a esas pobres posesiones tras de las que corríamos,
el alma desnuda se espanta de la sangre
cuando su tambor salvaje vuelve y la envuelve.
O quizás el alma desnuda es como la pobreza
de quien no puede dar más de sí
y sigue dando, porque en verdad no existe
un alma verdaderamente desnuda...
A.Natiello.