Mi iglesia (oleo-Rodolfo)Era un niño 16 años?, quizà.
El mas pequeño de los tres hermanos, "el regalon", el mas mimado, siempre fue así (¿Suerte?).
El hecho que todos los años iban a veranear un mes, a veces dos, a su pueblo natal.
Un pueblo bello, como todos los de Provincia, con sus calles de tierra, amplias y limpias, abiertas al viento...
Con el suave olor de la tierra regada y las veredas pulcras...nuevas.
Y los árboles enormes brindando su sombra , trazando desfiladeros de grises en el calor de la tarde pueblerina. ¡Que bello!
Las maletas , y el tren hacia el sur, ese sur deseado durante todo el año, donde encontrar la familia grande, las alegrías de sol , tierra, paisajes y libertad...
Pero ese año, algo especial se sumaría a la espectativa habitual de cualquier viaje: una carta...
Que cosa tan trivial, alguien diría, no?
Pero esa carta , el mensaje que encerraba, y el misterio enorme que subyace en todo texto ignorado, desconocido -aunque sospechado-, lo acompañaron toda su vida.
Sucedió que casi al final de esas vacaciones, recibió una carta...
Simplemente en el sobre algo arrugado, -posiblemente por los sucesivos pases en manos clandestinas de adolescentes-, decía su nombre , sin remitente...
Cuidadosamente cerrado.
Apareciò adherido a uno de los ventanales de la casa grande de la abuela, flameaba con el viento sur cargado de promesas de un dìa fresco y pleno de sol...
Al verla y leer su nombre se apresurò el ritmo de su corazòn, la tomo entre sus manos y con medida ansiedad la abriò, respetando la integridad del sobre, como quien conserva un cofre, mas allà del tesoro.
Al comenzar a leerla ya le impactò su caligrafía... era tan bella...
Letra agoticada, rasgos grandes y en ascenso, superando levemente el renglón, trasmitièndole un mensaje tan dulce , tan dulce.
Con que ansiedad la leyó!
Que tierna, que dulce !
En el texto insertaba, párrafos de algun tango melódico ( "Te ví pasar y me enredé en la aventura de tu andar, que monumento el churro aquel ! que calidad!ª) , y concluìa con una frase apocalìptica y contradictoria: "vernos será imposible, ya que las distancias no lo permiten...te espero: María Elenaª.
Sutilmente brindaba una pista para encontrar a su dueña , el perfume , el que impregnaba el delicado papel...
Y él lo conocía , sabía de ese aroma....
Tenía la pista... faltaba encontrar entre el grupo de las chicas, a ella...
Y dónde buscarla?
En la plaza mayor, allí estaría...
Seguramente. Allì se juntaban en grupos coqueteando y disputàndole belleza a las flores prolijamente alineadas en los canteros de la plaza.
Una plaza donde en el lago central nadaban cisnes, y caían en sus orillas las desgarradas ramas de los sauces llorones balanceàndose al ritmo sensual de la brisa de estìo. Surcada por caminos naranja de ladrillo en polvo, y flores de todos los colores alrededor de la Capilla de piedra...
Presuroso se dirigió hacía allí, y hasta creyó percibir el perfume...
Abrió el portòn aùn impecable, de la pequeña Capilla ubicada en el centro de la plaza, y sigiloso mirò a ambos lados de la misma, allí donde se juntaban las chicas del lugar...
Un sacro silencio, lleno de ecos vacios respondió a su aliento entrecortado.
Nadie en las cercanías, ni sus amigos...
Que extraño?, -volverè mañana- dijo displicentemente -como querièndole quitar importancia a su ansiedad, y pensando que el tiempo , era "su tiempo", aquel que manejaba con la increible irresponsabilidad de los espìritus nuevos y sanos, ausentes de la contaminaciòn cruel del dolor y del fracaso.
Y ese "mañana" nunca fue, porque al otro día los pasajes del tren exigìan la vuelta inmediata a la ciudad.
Inconciente -quizà negando orgullosamente todo lo que esa carta decía-, recién al releerla , ya en viaje de vuelta, acurrucado en el asiento trasero al de sus padres, en el penùltimo vagòn del tren, acompañado por la visiòn fantasmal tras la ventanilla de paisajes veloces que huìan, entendió en su verdadera magnitud lo que perdía...
Y así fue, de esa bella carta y su inolvidable perfume, de la simpleza tan tierna del mensaje joven y límpido de una estrellita , sólo le quedó un misterio astral...
Quién sería ?
Sólo sabía su nombre : Maria Elena...
Nunca más supo de ella. Un año es mucha espera para premuras juveniles, y se perdió en el tiempo la bella e inconclusa poesía de esa carta que , ya a lo lejos, le marcó su vida...
Una carta...
Siempre reclamó una carta...
Y esa carta nunca llegó.
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Rodolfo 11-06












